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Prólogo

Posted by on Jul 29, 2014 in Artículos | 0 comments

Prólogo al libro de Fernando González Rey: “Psicoterapia, subjetividad y postmodernidad. Una aproximación desde Vigotsky hacia una perspectiva histórico cultural”. Noveduc. Buenos Aires, 2009. Por Juan Balbi El mundo de la producción teórica es una gran entelequia, que crece de manera irregular. Afortunadamente, cada tanto surgen pensadores que revisan críticamente las nociones generadas por su comunidad científica. Generalmente movilizados por un entendimiento profundo del objeto de estudio frente al cual se hallan en la cotidianeidad, nos invitan a dilucidar controversias que retrasan el progreso de la disciplina. La obra que el lector tiene en sus manos es un producto de tal inquietud intelectual. Su lectura es imprescindible para quien desee profundizar en el marco de la perspectiva histórico-cultural en psicología, así como también, para todo clínico que vea su trabajo limitado por la gnoseología disponible y por aquel interesado en los temas de la psicología teórica que desee nutrirse del pensamiento de una mente innovadora. Incluso se beneficiarán los lectores más interesados en el arte de la terapia, ya que en este libro, González Rey no solo navega los laberintos de la epistemología y de la teoría psicológica, sino que también se atreve a franquear el horizonte de la práctica clínica y nos muestra, con la descripción de un caso, su peculiar manera de ayudar al paciente a construir nuevos sentidos subjetivos. Como profesional abocado prioritariamente a la clínica psicológica, en la que la subjetividad es la materia prima de trabajo, comparto con el autor la disconformidad que ha significado el estar a la sombra de las producciones conceptuales de otras ciencias, que operan con otros elementos, para intentar acceder a la comprensión de la mente humana. Tal como se manifiesta en este libro, una de las tareas más complejas que la psicología tiene por delante es la revisión de su sistema de categorías. Sin embargo, se requiere una madurez intelectual propia de autores de la talla de González Rey para manifestar sus desacuerdos con respecto a las categorías actuales de su campo, sin caer en la tentación de proponer una nueva formulación con pretensiones definitivas. Luego de una trayectoria académica fundada en la obra de Vigotsky el autor descubre puntos de encuentro entre la perspectiva histórico-cultural y las ciencias posmodernas que se definen como complejas, no lineales y no deterministas. Nos introduce a una serie de alternativas metodológicas que permitirían abordar el estudio de los sistemas subjetivos e insiste, acertadamente, sobre la necesidad de replantear cuestiones obsoletas en la manera de concebir al sujeto. González Rey elige el camino menos transitado cuando propone repensar la naturaleza de lo subjetivo, asignándole constructos que le den consistencia y reconozcan su cualidad “sui generis”. La subjetividad, arguye, no se define por ninguno de sus atributos concretos (lo interno, lo privado, lo consciente, lo inconsciente), que constituyen sólo espacios de su desarrollo, sino por su especificidad ontológica: la subjetividad es una producción simbólica- emocional. Con el fin de aportar a la comprensión de esta especificidad, retoma el concepto de “zonas de sentidos”, ya propuesto en otras obras suyas. Y en este texto, cuyo objetivo fundamental es aportar al avance de una visión psicoterapéutica orientada al estudio de la subjetividad y basada en el enfoque histórico-cultural, el autor se ocupa en particular de desarrollar, nuevamente, la categoría de “sentido subjetivo”: “Una unidad psicológica que se caracteriza por la relación entre lo simbólico y lo emocional, unidad donde uno evoca al otro de forma recíproca, sin convertirse en su causa” (p. 75). Haciendo una salvedad específica para su propio marco conceptual de referencia, González Rey señala que la subjetividad no se interioriza, sino que...

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Metarrepresentación afectiva tácita y sentido de continuidad personal

Posted by on Jul 23, 2014 in Artículos | 0 comments

Metarrepresentación afectiva tácita y sentido de continuidad personal* Una aproximación a la comprensión de las graves patologías psiquiátricas de la adolescencia y juventud. por Juan Balbi Abstract. Los resultados de investigaciones acerca de la capacidad de la mente humana para percibir, aprender y retener información que aparentemente nos pasa inadvertida, confirman la hipótesis de la cualidad activa, selectiva y constructiva de la consciencia fenoménica y la existencia de una dimensión tácita de conocimiento que opera en relación funcional con ésta. Los contenidos mentales inconscientes son, al igual que los conscientes, intrínsecamente intencionales; implican una connotación semántica y relacional que determina en gran medida la experiencia fenoménica y la conducta. La existencia de un precoz sistema metarrepresentacional, también tácito, es imprescindible para garantizar el despliegue normal del proceso de coevolución funcional entre afectividad y consciencia, mediante el cual se arriba a la experiencia de identidad personal. Estos datos permiten inferir que: a) “la recursividad metarrepresentacional afectiva tácita” sería la base organizativa sobre la cual se estructura un sentido único, viable y continuo de la experiencia de identidad personal y b) la existencia del “duelo metarrepresentacional tácito”, un tipo específico de proceso afectivo que se experimenta por primera vez en la adolescencia y está en la base de la mayor parte de los disturbios psicopatológicos. Estas nociones representan una posible explicación de los severos trastornos mentales que se dan en la adolescencia y primera juventud. Otra hipótesis propuesta en este trabajo es que el prolongamiento de la etapa adolescente, facilitada por el estado de bienestar en el contexto de la cultura posmoderna, torna difícil la elaboración de ese duelo, promoviendo un incremento de la frecuencia de cuadros depresivos y comportamiento suicida entre los jóvenes. Palabras clave: inconsciente cognitivo, consciencia fenoménica, metaconsciencia afectiva, autoconsciencia fenoménica, duelo adolescente, metarrepresentación recursiva, duelo metarrepresentacional tácito, afectividad abstracta, posracionalismo. Summary. The results of present-day research in the field of “Dissociation Paradigm”, regarding the capacity of the human mind to perceive, learn, and store information that in appearance passes as unnoticed, support the constructivist hypothesis of the active, selective and constructive condition of consciousness, in addition to the existence of a tacit dimension of knowledge that operates in functional relationship with the former. Unconscious mental states are intrinsically intentional. This is to say that they imply a semantic or cognitive connotation that is capable of affecting phenomenical experience and therefore behavior. In addition, the precocious existence of a tacit metarepresentational system in normally developed children has been proven, which is essential for guaranteeing the deployment of the process of functional coevolution between affectivity and consciousness, by which the experience of personal identity is acquired. These discoveries allow the inference of a “tacit affective metarepresentational recurrence”, the organizational foundation on which a unified, sustainable, and continuous sense of the experience of personal identity is structured, and also allow us to hypothesize a “tacit metarepresentational mourning”, a specific type of grief which is the chief foundation of the majority of psychopathological disorders. This concept may represent a potential explanation of the severe mental disorders of adolescence and young adulthood. The hypothesis of the present work is that, in the ambiguous context of Postmodern Culture, the prolongation of the adolescent period, facilitated by the welfare state, hinders the dealing with the aforementioned mourning, leading to an increment of depressive states and suicidal behavior among young people. Key words: cognitive unconscious, fenomenic consciousness, affective meta-consciousness, fenomenic self-awareness, adolescencial mourning, recursive metarepresentation, tacit metarepresentational mourning, abstract affectivity, post-rationalism. Introducción Este artículo tiene el propósito de aportar algunas nociones a la comprensión de la relación existente entre proceso afectivo y sentido de continuidad...

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La metaconciencia afectiva y el sentido de uno mismo

Posted by on Jul 23, 2014 in Artículos | 0 comments

La metaconciencia afectiva y el sentido de uno mismo* Una concepción posracionalista de la naturaleza afectiva de la conciencia por Juan Balbi Abstract: La conciencia personal se origina en el autorreconocimiento de la propia experiencia afectiva. Su construcción involucra una coevolución entre afectividad, intersubjetividad e individuación. En principio el infante se identifica con su cuidador al empatizar con él, mientras que progresivamente se delimita a si mismo, discriminando la propia experiencia emocional de la realidad interpersonal compartida y de las intenciones y estados emocionales atribuidos al otro. Esa recurrencia forja un dominio emocional individual que paulatinamente será reconocido como propio. Paralelamente al desarrollo cognitivo del niño, se despliegan nuevas formas de relacionamiento que lo conducen a la experiencia metarrepresentacional recursiva. Durante este recorrido hacia niveles cognitivos abstractos de complejida creciente, las relaciones vinculares que se conservan en el tiempo se pautan progresivamente dando lugar a patrones vinculares estables que tienen una impronta fundamental en la determinación del sentido organizado y continuo de la propia identidad, y de las relaciones con los otros, que la persona portará durante el resto de su ciclo vital. El sentido de si mismo se constituye en el determinante de las distinciones e interpretaciones que el individuo es capaz de realizar de su entorno afectivo, y este sesgo en las distinciones e interpretaciones contribuirá, a su vez, a la construcción y mantenimiento del propio sentido personal. El desempeño eficaz en las relaciones interpersonales requiere de la organización durante el desarrollo de una metaconciencia afectiva suficientemente articulada y abstracta, que facilite interpretaciones funcionales de los complejos procesos metarepresentacionales implicados en los vínculos. Interferencias en el armado de este dispositivo inconsciente, serían las principales responsables de la emergencia de trastornos psicopatológicos. Los síntomas se conciben como un resultado de la irrupción en la conciencia fenomenológica de emociones (ligadas a núcleos ideo-afectivos subconscientes), disociadas de su respectiva representación cognitiva, por dificultades del sistema personal para el autoconocimiento tácito. Se reseña un tipo característico de estilo afectivo y un breve caso clínico. Palabras claves: apego temprano, afectividad, vínculo, meterrepresentación recursiva, metaconciencia afectiva, autoconocimiento tácito, sentido de si mismo, autosuficiencia afectiva. Introducción El objetivo de este artículo es contribuir a incorporar en el análisis del desarrollo de la conciencia, la variable afectiva, que no ha sido bien considerada hasta el momento y que, como parece evidente, constituye una parte esencial, no sólo en la explicación de ese proceso, sino también en la de los fenómenos psicopatológicos. La noción semiótica de la conciencia, que debemos a Lev Vygotsky, es sin duda uno de los mayores avances en la historia de la psicología. Sin embargo, resulta limitada para explicar exhaustivamente el complejo fenómeno de la identidad personal. Esta concepción propone que todas las funciones psicológicas superiores son una construcción posterior al nacimiento y resultado de un proceso mediante el cual se internalizan las funciones puestas en práctica en las interacciones sociales. La conciencia, en particular, es producto de la internalización de las funciones de mediación social del lenguaje (de allí su organización semiótica) y su característica principal consistiría en poder llevar a cabo un diálogo subjetivo capaz de anticipar situaciones, y de regular la propia conducta en función de una planificación. Este proceso consta de una primera etapa en la cual la regulación de la conducta es ex-terna: el bebé actúa orientado directamente por los estímulos del medio. En una segunda etapa, la regulación es interpersonal y depende del lenguaje de los otros. Por último, el habla se internaliza y la regulación de la conducta se torna anticipatoria e intrapersonal. El énfasis puesto en este aspecto de la conciencia es consecuente con...

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La dimensión emocional humana y psicopatología

Posted by on Jul 23, 2014 in Artículos | 0 comments

La dimensión emocional humana y psicopatología* por Juan Balbi Una opinión compartida por los estudiosos de las emociones, es que éstas ejecutan funciones reguladoras de la mente mediante las cuales, atenuando o amplificando la actividad de todo el sistema psíquico, organizan tanto el pensamiento como la conducta. Biológicamente mas antiguo que la cognición, el sistema emocional regula la atención y controla el entorno, otorgando a la conciencia una apreciación inmediata y global del contexto, que facilita una rápida respuesta adaptativa (1, 2, 3, 4). Sin embargo, en nosotros nada ocurre fuera de los límites de la autoconsciencia, de modo que aquella actividad reguladora es a su vez mediada por el sistema personal. A diferencia de como ocurre en los animales, el sistema emociónal humano conlleva siempre complejas capas de procesos de orden cognitivo y afectivo que definen su funcionamiento. Como se puede verificar en el desarrollo individual, a medida que el niño avanza en la adquisición de recursos cognitivos de mayor nivel de abstracción su conducta deviene más plástica y adaptativa a contextos relacionales más complejos. De modo que, antes que la emociones en si misma, la forma en que es mediada su actividad es la responsable del proceso que genera la manifestación fenoménica o condultual que podemos observar. En consecuencia, para arribar a explicaciones plausibles del fenómeno psicopatológico se requiere de un análisis exhaustivo de los mecanismos de mediación implicados en el funcionamiento del sistema emocional humano. Las emociones se inician evolutivamente con los primeros mamíferos hace mas de 100 millones de años. Sus antecesores, los reptiles, luego de emerger del huevo sobreviven sin cuidado alguno de parte de sus progenitores, ya que su adaptación al ambiente demanda solamente de la coordinación con variables que arriban del mundo físico. En cambio, los mamíferos al nacer para sobrevivir deben coordinarse con otro individuo vivo, una hembra que les brinde alimento y cuidados por un período prolongado. Esa coordinación se ejecuta en la díada madre cría por medio de su dispositivo emocional innato. Este sistema regula asimismo, durante todo el período de crianza, los comportamientos de exploración y acercamiento, en busca de protección, propios de la relación de apego que es característica de los mamíferos. Luego, durante la vida adulta, las relaciones del individuo con los demás miembros de la manada serán también reguladas por medio de aquel dispositivo emocional. Con el advenimiento de los mamíferos se inicia una forma de vida en la cual la relación con otros de la especie es la variable fundamental para la adaptación y supervivencia de cada individuo. La forma específica de esa relación con los otros evolucionará en las distintas especies hasta alcanzar aquella que conocemos en los humanos. Aquel sistema inicial, aunque complejo en si mismo, resulta simple comparado con la complejidad que adquirirá luego, en los primates y en el hombre. Dos características podemos señalar de las emociones que experimentan los mamíferos: a) regulan las condiciones de la relación de manera contingente, en el presente inmediato. Por ejemplo, la rabia sentida durante una riña entre dos lobos de un mismo grupo, por ejemplo, cesa en cuanto esa riña tiene fin; b) operan en estado “puro”, son concretas y directas, ya que son ellas mismas las mediadoras de la relación. Mas tarde, con el advenimiento de los primates, hace unos cuarenta millones de años, surge una nueva forma de relación entre los miembros del grupo, que genera un incremento del sentido de diferenciación individual y una manipulación mas eficaz de las propias emociones, en función de asegurar el mantenimiento de buenas relaciones grupales y de amistad, que son fundamentales para la supervivencia...

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Fundamentos epistemológicos y teóricos de las terapias cognitivas constructivistas: Los últimos desarrollos del posracionalismo

Posted by on Jul 23, 2014 in Artículos | 0 comments

Fundamentos epistemológicos y teóricos de las terapias cognitivas constructivistas: Los últimos desarrollos del posracionalismo* por Juan Balbi Introducción En general, los modelos terapéuticos han adquirido su denominación como una de su objeto de estudio o de su metodología. Tal el caso del conductismo, que en su fase práctica consiste en el análisis y modificación de la conducta, o las cognitivas clásicas que llevan a cabo el análisis y modificación de las estructuras cognitivas. También se aplica esta regla a la terapia familiar sistémica, que este nombre a consecuencia de aplicar los conocimientos de la teoría general de sistemas al análisis y modificación de los patrones de comunicación entre los de la familia en tratamiento. No es el caso de las terapias constructivistas, que agrupan por su adhesión a un conjunto de premisas epistemológicas, del objeto a abordar y el método para hacerlo. De allí también la gran dispersión de modelos terapéuticos que adscriben a esta corriente. No es habitual que los psicoterapeutas se pregunten acerca de los fundamentos de las teorías, métodos y técnicas con los que abordan día a día los problemas por los que son consultados. Si bien no niegan que su praxis está por ciertas premisas nosológicas, lo más frecuente es que su deriva metodológica, este signada por la búsqueda de nuevos métodos y técnicas que los a obtener mejores resultados en el alivio del sufrimiento de sus pacientes, antes por una reflexión crítica de los principios explicativos que guían su accionar clínico. Los terapeutas constructivistas, por el contrario, parten de una crítica de las premisas en que se sustentan los modelos de sus colegas. Esa crítica apunta al fundamento de aquellos modelos, el que postula la premisa asociacionista del empirismo, que concibe la mente como un sistema pasivo, que obtiene sus contenidos del ambiente y, en el acto de conocer, copia el orden de la realidad. Por el contrario, el constructivismo constituye una premisa epistemológica basada en la afirmación de que, en el acto de conocer, es la mente humana la que crea activamente los significados y el orden de la realidad a la que responde. Así como la perspectiva asociacionista considera la percepción como la mediadora principal de la interacción entre el organismo y el ambiente; para los constructivistas la mediación básica consiste en la propia actividad del organismo. Adscriben de este modo a la teoría motora de la mente, formulada originalmente por Walter Weimer (1977) quien propone que los dominios cognitivos o mentales son intrínsecamente motores, al igual que el sistema nervioso (Balbi, 1994, 2004; Guidano, 1991, 1995, Mahoney, Miller y Arciero, 1995; Lyddon, 1995; Mahoney, 1991; Neimeyer, 1993). El constructivismo es una perspectiva epistemológica que tiene antecedentes filosóficos, entre otros, en los trabajos de Giambattista Vico, Imanuel Kant, Hans Vaihinguer, y científicos dentro del campo de la psicología, en la epistemología genética de Jean Piaget. En los últimos veinte años la metateoría constructivista ha tenido una influencia decisiva en la corriente cognitiva en psicoterapia, influencia que ha llevado al desarrollo de modelos alternativos, que cuestionan los fundamentos de sus antecesores y proponen nuevas explicaciones y metodologías. Los defensores de la meta teoría constructivista postulan que: a) los humanos no son participantes reactivos y pasivos en su propia experiencia, sino por el contrario son activos en su construcción; b) que la mente humana es de naturaleza proactiva, es decir actúa de manera anticipatoria; c) que la mayoría de los procesos mentales operan a un nivel de conciencia tácito, es decir inconsciente o subconsciente; y d) que el desarrollo psicológico personal constituye una operación continua de autoorganización individualizada que tiende a mantener, antes que...

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Biología o significado en la etiología del síndrome depresivo

Posted by on Jul 23, 2014 in Artículos | 0 comments

Biología o Significado en la Etiología del Síndrome Depresivo* por Juan Balbi La necesidad imprescindible de una firme hipótesis etiológica, que guíe nuestros diagnósticos diferenciales y nuestros procedimientos terapéuticos sobre la base del tipo de proceso a que estamos asistiendo cuando tratamos una persona que padece un trastorno depresivo[1], nos pone frente a la pregunta: ¿es la depresión una patología de origen biológico, como sostiene la psiquiatría biologista? ¿O su etiología radica en el significado subjetivo de la experiencia afectiva, como afirma la tradición psicológica inaugurada por Freud? Este artículo es un intento de aportar algunas ideas que contribuyan a dar respuesta a esa pregunta. LA HIPÓTESIS BIOLÓGISTA DE LA ETIOLOGÍA DEPRESIVA A mediados de los años sesenta, sobre la base de estudios acerca de los niveles de monoaminas y de sus receptores a nivel sináptico, surge la denominada Teoría monoaminérgica de la depresión que sugiere que, los sistemas de neurotransmisión de las aminas, especialmente de serotonina y noradrenalina, estarían involucrados tanto en la patofisiología de la depresión, como en la respuesta al tratamiento con antidepresivos. (Bunney y Davis, 1965) Según la hipótesis monoaminérgica, los diferentes marcadores periféricos (es decir, los metabolitos monoaminérgicos MOPEG y 5HIAA) mostrarían una tendencia a presentar valores bajos en lo que la psiquiatría biologista califica como cuadros depresivos endógenos. Por esta razón, la manipulación farmacológica de los niveles de monoaminas consistente en la inhibición de su inactivación enzimática, de su recaptación neuronal y/o el bloqueo de sus autorreceptores inhibitorios, conducirían a un incremento de neurotransmisores en la biofase sináptica (Vázquez, 2001). Aunque la teoría monoaminérgica de la depresión no explica acabadamente el origen de la disfunción que describe, ni tiene evidencia firme de esta como la causa última de la depresión [2], sostiene que el cambio a nivel neuroquímico que se produciría con el tratamiento con antidepresivos, es el responsable del alivio de la sintomatología afectiva experimentada por los pacientes. De este modo, empíricamente, es decir a través de la corroboración de la respuesta positiva al tratamiento con antidepresivos, la hipótesis de la etiología biológica de la depresión refuerza y orienta la estrategia de intervención clínica de los psiquiatras y psicoterapeutas. También las explicaciones que los pacientes se dan de su problema está contaminada por la hipótesis de que su mal radica en algún lugar de su cerebro y por lo tanto, como cualquier otra patología de origen biológico será solucionada por un agente externo indicado por el médico tratante, lo que resulta en una actitud pasiva que dificulta la tarea psicoterapéutica, que debe consistir, según el punto de vista que defiendo, en la exploración e integración de la experiencia afectiva que está en la base del trastorno. ESTRÉS Y DEPRESIÓN La hipótesis monoaminérgica no es el único intento de explicación biológica de la etiología de la depresión. Este síndrome según la psiquiatría biologista, podría ser el resultado de la atrofia, daño celular o muerte, de determinado tipo de neuronas vulnerables del hipocampo; lo que se denomina down-regulation del factor neurotrófico derivado del cerebro (BNDF), en respuesta al estrés. Según este punto de vista, los resultados obtenidos por los investigadores sugieren que el BDNF podría ser uno de los targets del mecanismo de acción de los antidepresivos y que la disfunción de éste o de los otros factores neurotróficos explicarían en parte la patofisiología de la depresión endógena (Vázquez, 2001, p. 17. La relación existente entre estrés y depresión ha sido motivo de estudio desde hace varias décadas. Como conclusión de esos estudios se cree que la desregulación del eje hipotálamo-hipofisoadrenal (HPA) estaría implicada en el desencadenamiento de la depresión mayor. Los avances en...

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